Querido amigo, te escribo este correo, carta, grito, porque no me queda tiempo para otra cosa.
Lo más que puedo hacer, cuando tengo un rato, es hablar con mis padres. Aunque creo que debo tener alguna enfermedad rara, o serán los años, no lo sé. Pero a mi padre lo llamo Bazin, a mi madre Diezhandino y a mis hermanos por nombres de gente que escriben textos incomprensibles que tengo que releer para poder seguir las asignaturas. Es cierto, me quejo de vicio, estoy estudiando lo que a mí me gusta, lo que he elegido. Pero no he elegido que se implante un sistema de estudio que tiene más grietas que algunos edificios de la universidad o es más incómodo que las “sillas”, “gradas” o lo que sea que tienen algunas aulas.